Mérida.2018
"Hija, el dinero va y viene pero lo que estudias nadie te lo puede quitar”, le dijo mi abuelo a mi mamá. Es paradójico que estas palabras salieran de él, un hombre que además de batir récords en NO dejárselo quitar, haya generado una inspiradora trayectoria habiendo cursado solo hasta sexto de primaria. —Quizá el abuelo ya conocía la predisposición de su hija en cuanto a la administración del dinero (esa es otra historia).— ¡Gracias por el buen ejemplo abuelo!
Lo que creo que la intuición de mi abuelo quiso comunicar es que la CONFIANZA que tenemos en nuestro conocimiento se vuelve parte de lo que somos ; y nuestra confianza en lo que somos es la única cosa útil (tesoro) que nadie puede quitarnos sin nuestro consentimiento; lo que somos (identidad personal), no lo que tenemos, no lo que estudiamos (2), ni tampoco lo que otros creen que somos (identidad pública). Todo lo demás se puede arrebatar sin decir "agua va": el dinero, las propiedades, los títulos profesionales, los puestos, y hasta la salud y la vida, pero lo que _somos_ no; y si nos quitan la vida, lo que somos se va con nosotros, pero no nos lo quitan.
A Sócrates probablemente el más influyente (y práctico) de los filósofos griegos, lo mataron cuando se negó a huir (algo parecido a lo que le pasó a Jesucristo); sus amigos le advirtieron: _“¡Sócrates vete, huye a la ciudad vecina!”_ (también como a Jesucristo), pero él prefirió una muerte injusta antes que huir. —¿Por qué? Porque su conciencia le dijo que salvar la vida huyendo era pagar un costo demasiado alto: traicionarse a sí mismo, destruir la idea más importante que todo sistema nervioso consciente lleva adentro: su identidad personal, su autoconcepto. Esa brújula dentro de nosotros que responde a la pregunta: ¿Quién soy?— Sócrates prefirió morir antes que entregar su tesoro, prefirió morir antes de dejar de saber lo que era, de dejar de ser lo que en realidad quería ser. —Sí, aceptó que lo mataran injustamente, pero no aceptó verse obligado a elegir mal. Sócrates murió confiando en Sócrates.
Sócrates murió sabiendo quién era.
Abuelo, Dios te esté acariciando en su seno, permíteme reexpresar tu recomendación: “Hija, el dinero va y viene, pero tu confianza en ti misma no, esa nadie te la puede quitar si tu no la entregas. Nútrela, protégela, atesórala. Lo que eres, solo lo pierdes si lo entregas, si huyes, si te engañas eligiendo el camino que en el corto plazo, se muestra fácil.”
La confianza que tenemos en nosotros mismos, es la única cosa útil y atesorable que nadie nos puede quitar. Si queremos incrementarla no es indispensable, ni suficiente, acumular más información académica. Lo que sí es necesario es exponernos a _la calle_ y buscar situaciones y problemas reales que enfrentar. La información no es conocimiento hasta que la hayamos usado contra los dragones (problemas) de la realidad.
La confianza en nosotros mismos es el perfume que emana de los cuerpos de esos dragones que ya vencimos. Ese perfume es el verdadero tesoro que nadie nos puede quitar.
Mérida.2018.
Subindices:
1. Con esto no quiero acentuar lo poco que al abuelo le enseñó la escuela, si no **lo mucho que él le aprendió a la vida**.—¡Gracias abuelo por otro buen ejemplo!
2. Lo que estudiamos (información) que NO hemos usado para enfrentar la realidad no se merece todavía la dignidad de llamarse _conocimiento_, le falta todavía demostrar su utilidad. Un serrucho en mis manos es un objeto inútil o hasta peligroso para mí y los que estén cerca. Las manos del carpintero experimentado son los que lo convierten en herramienta.
Relaciones: [[Oportunidades o Raices]]