2019.MERIDA
La necedad tiene una perniciosa propiedad: dialogar con ella es a menudo una forma de alimentarla.
Queremos dar atención a la persona con cáncer, pero solo queremos intervenir sí vamos a fortalecerla a ella y no al "cáncer" que porta.
Es indispensable distinguir: El tumor está en el individuo, pero NO es el individuo. O encontramos las orillas entre la necedad y la persona o mejor NO intervenimos. —Mucho ayuda el que NO nos alimenta _el cáncer._
En realidad es obvio. El cirujano primero tiene que encontrar las orillas del tumor si quiere tener posibilidades de extirparlo. —Jesús (Cristo) hacía lo mismo, detestaba el pecado (error innecesario / Cancer), pero amaba al portador. Jesús era un cirujano (del Alma) que sabía que la orillas existían y además exactamente dónde estaban.
Para ayudar, es conveniente empezar por nosotros (porque nadie se salva de ser necio en al menos una combinación del espacio-tiempo): re-conozcamos que nosotros tampoco somos la necedad que portamos!
Pregúntate: “_¿Acabo de ser realmente YO o acabo de dejar que se me active el cáncer?, ¿Hasta dónde llego yo, y a dónde empieza la situación irresistible que lo activa a él?._
Un tarde de sábado, si te sientes un poco aburrido y quieres pasar una tarde interesante, te recomiendo que le ofrezcas un espacio óptimamente inseguro (los espacios realmente seguros no existen) a las personas que con las que más convives y les preguntes algo así como: _“¿Cuál te parece que son mis formas favoritas de ser necio?”_.
Recordemos nutrir a la persona y no a su cáncer.
Encontremos y re-encontremos las orillas.
Jesús dijo todo esto en 4 palabras: "Oren por sus enemigos. (vecinos más incómodos)".